| En 1946, cuando Europa todavía era un infierno desvastado por la guerra que había finalizado un año atrás, la ciudad italiana de Cosenza vio nacer a uno de sus hijos pródigos. Como muchos otros, el recién llegado no sería profeta en su tierra, sino al otro lado del Atlántico, en un país que prometía oportunidades.
A los dos años, Nicolás Novello ya había dejado atrás su pueblo natal para afincarse junto con su familia en Buenos Aires. Seguramente, por aquellos años, sus padres no sospechaban que el destino de su hijo estaría signado por el rugir de las tribunas, las gambetas endiabladas y los goles electrizantes.
A medida que Nicolás empezó a perder su niñez, una voz interior lo impulsó a seguir los pasos de los jugadores que él admiraba (todos hombres de corazón xeneize, por supuesto). Comenzó a desempeñarse en las divisiones inferiores de Boca y, en 1966, llegó su gran oportunidad: Néstor "El Gritón" Rossi le comunicó que debutaría en primera. El domingo el conjunto boquense enfrentó a San Lorenzo en el Gasómetro y Novello, pese a sufrir 39 grados de fiebre, pisó el campo de juego dispuesto a demostrar lo que sabía hacer.
Luego de pasar la prueba de fuego, su carrera vivió uno de sus puntos más salientes cuando el 26 de noviembre de 1967 Boca jugó frente a River Plate en el Monumental. En una jugada, el Tanque Rojas le bajó el balón a Novello, que dejó en el camino a sus dos marcadores y sacó el zurdazo que Gatti no pudo detener. 1 a 0 y triunfo en Núñez.
Un par de años más tarde, llegó su gran momento de gloria cuando se consagró campeón en 1969. Aquel equipo brilló de la mano de notables jugadores: la pericia del "Muñeco" Madurga, las gambetas imposibles de "Rojitas" y la astucia de Novello llevaron a Boca a dar la vuelta olímpica en el Monumental el 14 de diciembre.
Aquel año, "El Tano" sufrió una grave lesión que acarrearía hasta el final de su carrera. Si bien formó parte del plantel que obtuvo el Nacional de 1970, su rodilla no le permitió participar con tanta frecuencia en los cotejos del conjunto boquense. Finalmente, en 1974 le dijo "adiós" a la azul y oro, dejando detrás una historia llena de goles y jugadas sorprendentes.
En Boca jugó 135 partidos y marcó 23 goles. Ya retirado, dirigió las divisiones inferiores del club entre 1989 y 1995.
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Fuente: www.museoboquense.com |