| En la memoria colectiva del pueblo boquense existe un recuerdo tan feliz como imborrable. La noche del 22 de diciembre de 1976 Boca debía enfrentar a River por la final del Campeonato Nacional y, por primera vez en la historia, se definiría quién daría la vuelta olímpica en un superclásico. El match, cerrado y deslucido, amagaba con morir con un lánguido 0 a 0, pero Rubén Suñé se encargó de darle un giro radical al curso del encuentro. En un tiro libre a unos treinta metros del arco, se paró frente al balón y sin tomar carrera sacó un shot que se clavó en un ángulo ante la inerte mirada del "Pato" Fillol. Golazo. Algunos minutos más tarde llegó el final y se desastó la locura. Boca Campeón. y frente a River. Aquel día, el "Chapa" se recibió de héroe.
Esta historia fraterna entre Suñé y Boca, empero, tenía larga data. A mediados de la década del 60 comenzó a formarse en las inferiores del club de la ribera y, en 1967, tuvo su gran oportunidad cuando debutó en primera división. A partir de aquel momento se desempeñó como lateral derecho, alternando con el "Cholo" Simeone, otro gran defensor de aquellos años.
Su primera experiencia con la gloria llegó en 1969, cuando Boca se adjudicó el Campeonato Nacional. El partido decisivo de aquel torneo -el que decidió la suerte de los xeneizes- fue disputado frente a River en el Monumental y, con dos goles del "Muñeco" Madurga, el partido finalizó igualado, lo que garantizó el primer puesto para los hombres boquenses.
Un año más tarde, Suñé volvió a dar la vuelta olímpica en el Nacional de 1970. El joven marcador de punta se encontraba en el cenit de su carrera y las predicciones auguraban viento en popa. Sin embargo, el "Chapa" no imaginaba que se encontraría con frentes de tormenta: a fines de 1973 Rogelio Domínguez lo declaró prescindible para la formación de Boca, lo que trajo como consecuencia el alejamiento del jugador. Durante algunas temporadas Suñé se refugió en Huracán y, luego, pasó a Unión de Santa Fe.
En 1976 la marea cambió en el club de la ribera. El "Toto" Lorenzo asumió la dirección técnica del primer equipo y, de inmediato, gestionó la vuelta del "Chapa". Junto con él, llegaron del equipo santafecino otros dos hombres que pronto se transformarían en sólidos elementos de aquel plantel: Ernesto Mastrángelo y Hugo Orlando Gatti.
De esta manera se comenzó a armar un conjunto que quedaría en la historia. Suñé ya no era el incisivo marcador lateral que la tribuna boquense conocía de memoria, sino un caudillo que lucía con firmeza un cinco bordado en su espalda. Además de movilizar el balón en el centro del campo de juego, ganó con total justicia la banda de capitán.
Aquel equipo de Lorenzo arrasó con todo en 1976. Primero se adueñó del Metropolitano y, meses más tarde, obtuvo el Nacional gracias al certero disparo del "Chapa" en la gran final frente a River Plate. Al año siguiente continuaron las alegrías para el conjunto y su gran capitán cuando Boca obtuvo por primera vez en su historia la Copa Libertadores; fue el 14 de septiembre de 1977 frente a Cruzeiro con aquella recordada definición por penales en la que Gatti le detuvo el penal a Vanderley.
En 1978 el conjunto capitaneado por Suñé repitió la gloria de la Libertadores y fue en busca de la Intercontiental, que se adjudicó el 1º de agosto luego de un rotundo 3 a 0 frente al Borussia. De esta manera, Boca y el "Chapa" cerraban un ciclo perfecto: el cinco boquense había vuelto al club de sus amores para demostrar que tenía mucho fútbol para ofrecer.
La comunión entre Suñé y Boca llegó a su fin en 1980, cuando sus días dentro del campo de juego estaban llegando a un ocaso. Detrás quedaba un historial asombroso: siete títulos y 374 encuentros vistiendo la casaca auriazul en los que marcó 36 tantos.
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Fuente: www.museoboquense.com |