Perdió 2 a 1 con Lanús en tiempo de descuento, en un partido que no supo resolver ni aprovechar a Gaona Lugo, la figura.

Boca no mata, se suicida. Termina destruyendo lo poco que construye. Pierde cuando juega mal y es inferior a su rival, como ocurrió en la mayoría de las cuatro derrotas anteriores, y también se queda sin nada cuando no lo merece y está en situación y condiciones de superar al rival, como sucedió ayer contra Lanús. En la Bombonera se vivió una amargura que no fue nueva por repetida en los últimos meses, pero sí fue sorpresiva por las circunstancias.
Boca no supo resolver un desarrollo que le fue favorable en sus tres cuartas partes. No sacó provecho de la mejor individualidad de la tarde, el paraguayo Gaona Lugo, cuyo rendimiento fue un tributo al wing de toda la vida como hace rato no se veía. El juvenil se constituyó en una revelación por su aceleración, gambeta y profundidad. Lo desquició a Arce, que le terminó viendo el número de la camiseta en cada oportunidad que lo quiso frenar. Tendrá pesadillas con los quiebres y piques del N° 32 de Boca. A veces le faltaron precisión y serenidad para enviar el centro, pero su producción fue tan abundante y continua que igual puso tres asistencias en la cabeza de Palermo, que desvió una definición que no suele fallar y en las otras dos se encontró con las atajadas de Marchesín.
Una de las injusticias del encuentro es que el estrépito que causa la caída de Boca haya tapado la fenomenal actuación de Gaona Lugo, que terminó desfondado, con los aductores destruidos de tanto encender el turbo para hacer de la banda una autopista. Boca se dio cuenta de que tenía una mina en esta versión en escala reducida de Garrincha y lo buscó constantemente para compensar las carencias de elaboración que arrastra el equipo. A falta de la pausa y la conducción de Riquelme, cuya ausencia se agiganta de un partido a otro, Gaona Lugo llevó peligro al área de Lanús con su descaro para desbordar y crearse siempre los espacios para sacar el centro, aun cuando lo arrinconaran contra la línea. Seguramente no fue casualidad que Boca se empezara a sentir más lejos del triunfo desde el momento en que el paraguayo dejó la cancha en el último cuarto de hora, con el ácido láctico por las nubes.
Los partidos se sirven en las áreas, pero se cocinan en el medio campo, sector en el que Boca suma demasiados encuentros sin encontrar ni combinar los ingredientes justos. Salvo Battaglia y Clemente Rodríguez, al que cambió de banda, Borghi modificó la constitución del resto de la línea media y le dio un perfil más ofensivo, con más vocación por la pelota.
En la mejoría de Boca no se puede apuntar la inteligencia. Sigue siendo un equipo con distracciones que paga caro, como a la salida de un córner, en el que Blanco dispuso de tiempo y espacio para entrar en el área y definir con un derechazo cruzado.
Lanús se encontró rápidamente con el tipo de partido que ajustaba a su conveniencia: esperar y salir de contraataque. Siendo austero y conservador, el conjunto de Zubeldía se llevó el premio mayor. Sin los lesionados Regueiro y Salcedo, su potencial ofensivo estuvo muy mermado. A Pizarro, un volante con toque y criterio, lo mandaron a fajarse más cerca de sus centrales que a explorar terreno rival. Lanús dependió mucho del cambio de ritmo de Blanco, un jugador con dinámica europea.
A Boca le cuesta todo. Para conseguir el empate, Insaurralde debió partirse la cara en el cabezazo. Sin mucha claridad, Boca parecía capaz de la victoria por el mérito de la insistencia. Cañete nunca se escondió, pero todavía no está para la asistencia de gol, ese recurso riquelmeano que tanto añora Boca. Cuando salió Gaona Lugo, los centros dejaron de tener sorpresa y peligro. Fueron al bulto.
Se llegó a un final abierto y con la tensión en aumento. Lucchetti tapó a los pies de Blanco y Marchesín desvió de milagro con una pierna un tiro libre de Caruzzo. En el desbande, a la salida de un córner a favor, Boca quedó con dos hombres para tapar un contraataque de cuatro rivales. Penal del descontrolado Rodríguez y sentencia de Pelletieri. Boca había apuntado toda la tarde, pero el tiro se lo terminó dando en la sien.
Fuente: www.canchallena.com |